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MONUMENTO
DE ASTRANA MARÍN Situado
en la Plaza de Astrana Marín.
Estudiando
el archivo parroquial de Esquivias desde 1519 descubrió que no existe ningún
otro Alonso Quijada en la época de auge de los libros de caballerías. Al
mismo tiempo pudo comprobar que en los libros parroquiales aparecen: el cura
Pero Pérez, Mari Gutiérrez y el morisco Ricote, entre otros, aparte de
apellidos como los Carrasco, Quiñones, Cárdenas, Alamos, Carrizos, Avendaños,
Alonsos y Lorenzos, apellidos que figuran tanto en “El Quijote” como en
“Las Novelas Ejemplares”. Así,
como afirma Astrana Marín, Cervantes mientras vivió en Esquivias tuvo
noticia de la vida de este tío de su mujer, algo alterado por la lectura de
los libros de caballerías, y le sirvió de boceto para imaginar su Don
Quijote. De
no haber querido referirse a su persona al idear al personaje, Cervantes no
le hubiera llamado Alonso Quijada y de hecho en la Segunda parte de “El
Quijote” pasa a llamarse Alonso Quijano “el Bueno”, quizá por
problemas de burlas en el pueblo al reconocer a su vecino en el libro. Sin
embargo hay que añadir que Cervantes no publicó “El Quijote” hasta que
su tío político hubo muerto, es decir, en 1605, aunque sabemos que el libro
estaba terminado desde hacía tiempo. Indagando por otros caminos, Astrana Marín encontró en “De locis
Theologicis” de Melchor Cano[1] una referencia a que conoció en esta época
a un fraile agustino, cuyo nombre calla, que llegó a creer que Amadís y
Clarián vivieron realmente lo que se narra en los libros de caballerías. La conclusión de Astrana Marín es que Cervantes extrajo a Don Quijote de su imaginación, encendida la chispa por lo que supo de la desmesurada afición de aquel hidalgo a los libros de caballerías
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